Arco lleva a las calles de Madrid una acción artística que homenajea a Pepe Espaliú, fallecido en 1993

Las banderas de España han proliferado en los balcones en los últimos años, pero la que luce desde una de las viviendas de la plaza de Cascorro de Madrid es rosa. Su autor, el guatemalteco Esvin Alarcón Lam, rinde homenaje con ella al también artista Pepe Espaliú (Córdoba 1955-1993), una de las primeras personas que visibilizaron el sida en España.

 

“Me llamaron unos desconocidos al telefonillo y me dijeron que si quería formar parte de una acción artística. Les dije: subid ahora mismo”, cuenta en el salón de su casa la propietaria de la terraza en la que ahora cuelga la enseña rosada, que prefiere identificarse con el que dice que es su “nombre de guerra”, Brinca. Después de conocer su significado, la ha colocado junto a otros dos símbolos que ondean desde hace años en sus ventanas. Uno es el pañuelo verde que ha aparecido en las marchas internacionales que piden la despenalización del aborto y el otro es una bufanda morada feminista.

El remozado emblema español de Alarcón Lam llegó el domingo pasado al barrio como parte de El requerimiento, una de las propuestas que forman parte de la feria de arte Arco, que se celebra en el recinto de Ifema hasta el domingo. Recaló en un principio en un piso del número 4 de la plaza madrileña, en el que vive un amigo del gestor artístico Paco Martín (La Pelubrería), que ha ayudado a impulsar esta acción. El voluntario, argumentando problemas con los vecinos de su bloque, prefirió retirarla días después. Los responsables de la iniciativa buscaron entonces a alguien que quisiera adoptarla hasta que termine el salón de arte contemporáneo. Así es como este viernes llegó a casa de Brinca.

Alarcón Lam ha querido que su particular bandera recorriera algunos de los lugares de la ciudad por los que pasó Espaliú el 1 de diciembre (Día Mundial del Sida) del año 1992 durante su performance titulada Carrying. El artista fue entonces desde el Congreso de los Diputados hasta el Museo Reina Sofía sin pisar el suelo y con los pies descalzos. Era el representante de los excluidos por culpa del sida, una enfermedad en ese momento repudiada y por la que falleció menos de un año después. La solidaridad de los muchos voluntarios, que iban cargando en sus brazos con el cordobés, le permitieron llegar a su destino. Entre ellos, se encontraba Carmen Romero, esposa del que era el presidente del Gobierno, Felipe González.

Ese mismo día, el artista publicaba una tribuna en EL PAÍS titulada Retrato del artista desahuciado. “Es este sórdido túnel el que de forma súbita y violenta me ha hecho volver a la superficie. El sida me ha forzado de forma radical a un estar ahí. Me ha precipitado en su ser como pura emergencia”, decía en su descarnado texto. (Puedes leerlo al completo al final de este artículo)

Una de las imágenes de esta gesta colectiva tomada por el fotógrafo Bernardo Pérez fue portada del periódico. El galerista Joaquín García también estuvo allí en 1992. “Tanto el texto como la acción fueron una bomba en aquella España. Yo era un estudiante de arte. Aprendía mucho sobre el Barroco y el Renacimiento, pero no sabía nada de las tendencias creativas del momento. Ver a un hombre plantarse así y hablar en primera persona, como no había hecho nadie antes, sobre la fragilidad de esa enfermedad supuso una revolución”, cuenta García desde Arco. García organizó en 2018 una antología de la obra del cordobés para conmemorar el 25 aniversario de su muerte y celebra haber vendido dos de sus obras en Arco 2020. Una de ellas, apunta, ha ido a parar a la colección Masaveu, que expone parte de su catálogo en su sede del barrio de Chamberí.

La bandera española del guatemalteco Esvin Alarcón Lam no solo se tiñe de rosa para enfrentar un símbolo considerado a menudo como patriarcal con ideas relacionadas con lo femenino o los derechos de la comunidad LGTBI+. El artista también ha sustituido el lema imperialista Plus Ultra de su escudo por Abya Yala, nombre indígena con el que se conoce el continente americano. Combina así símbolos considerados opuestos “para generar fricción entre ellos e invitar a un diálogo, en vez de generar un enfrentamiento ideológico”, explica el autor por teléfono, que expone en Arco 2020 dentro del espacio Henrique Faria Fine Art de Nueva York.

A Brinca, su inesperada aliada desde la plaza de Cascorro madrileña y nieta de cubanos, le resulta muy pertinente este doble recuerdo a Latinoamérica y, en especial, al hombre que visibilizó el sida en España. A finales de 2018, España llevaba una década sin apenas descender sus registros de nuevos diagnósticos, cerca de 4.000 por año, según datos del Ministerio de Sanidad. “Está la gente tonta con el coronavirus, cuando el sida sigue estando aquí”, protesta Brinca quien tiene intención de la bandera permanezca en su balcón más tiempo del que dure la feria de arte contemporáneo en Madrid.


Retrato del artista desahuciado, por Pepe Espaliú

Para los que ya no viven en mí.

Algunos creen que el arte es una forma de entender el mundo. En mi caso, siempre fue la manera de no entenderlo..., de no oírlo. Comencé haciendo del arte una topera en la que sobrevivir en el subsuelo, manteniéndome ajeno y protegido de una Realidad que siempre viví como insoportable. El arte ha sido mi gran coartada,... Un estar fuera de algo que siempre me fue extraño, anclado en parámetros que nunca compartí.

Mi homosexualidad fue el primer signo de exclusión de ese mundo. Los homosexuales hemos aceptado cobardemente vivir dentro de un esquema social impuesto del que estamos excluidos y con el que nada tenemos que ver. Limitados por el miedo al rechazo de nuestra condición sexual, hemos abolido sus legítimas y necesarias formas de expresión. El mundo que nos rodea en nada nos concierne: no nos concierne su modelo de estructura social, basado desde su origen solo en la idea de familia. No nos concierne su modelo jurídico, que no tiene en cuenta en ningún momento la posibilidad de la existencia legal ole la pareja homosexual y que en nada contempla nuestros derechos. No nos concierne su modelo religioso, hoy dependiente de los propósitos y desvaríos homófobos y reaccionarios de Juan Pablo II. No nos concierne su modelo político, en el que en ningún momento nos vemos representados como colectivo. No nos concierne su modelo publicitario, ya que los medios de comunicación son reflejo de una sola forma de relación de pareja, excluyendo de sus imágenes nuestra diferente forma de ser y de amar.

Nosotros, homosexuales, hemos sido obligados a inventarnos un mundo paralelo, construido a partir de nuestro peculiar modo de entender sus leyes, sus instituciones, sus creencias y su forma de concebir el amor.

Frente a esta perpetua otredad en la que vives, frente a un estar en el mundo que ni comprendes ni te interesa, y al que sientes perennemente agresivo con todo aquello que eres y como eres, sólo el arte me ofreció la posibilidad de crear una silenciosa mentira que se convirtió en mi única verdad, último reducto de lo real... Escultor de esa topera laberíntica en la que mil pasillos subterráneos se entrecruzan; perdido en sus túneles sombríos, sorprendido en senderos sin final. Existencia reducida a Resistencia. En ese vivir subterráneo he oído al mundo tan sólo como un rumor que venía de allá arriba y he desarrollado mi arte y mi ser sin conexión con una realidad que decidí no ver. El artista es una paradoja, pues configura la mirada de los otros para continuar él mismo en una completa ceguera. Inventa la visión de los demás obteniendo a cambio la garantía de su oscuridad. En ese subterráneo que has elegido, sólo percibes fragmentos imprecisos y construyes con ellos una verdad supuesta.

Un día ese rumor de arriba se hace más intenso. Un insistente ruido ensordece tus oídos... Están perforando un pozo que, desde la superficie, avanza poco a poco en profundidad, atravesando la quietud de la topera. Desde ese rumor oyes que lo llaman "sida".

El sida es ese pozo por donde hoy escalo ladrillo a ladrillo, tiznando mi cuerpo al tocar sus negras paredes, ahogándome en su aire denso y húmedo... Y sin embargo, es este sórdido túnel el que de forma súbita y violenta me ha hecho volver a la superficie. El sida me ha forzado de forma radical a un estar ahí. Me ha precipitado en su ser como pura emergencia. Agradezco al sida esta vuelta impensada a la superficie, ubicándome por primera vez en una acción en términos de Realidad. Quizás esta vez, y me es indiferente si se trata de la última, mi hacer como artista tiene un sentido pleno, una absoluta unión con un límite existencial que siempre rondé sin conocerlo del todo, bailando con él sin nunca llegar a abrazarlo. Hoy sé cuál es la verdadera dimensión de ese límite. Hoy he dejado de imaginarlo. Hoy yo soy ese límite.

El Pais